Lú Amar: “La danza árabe mueve paradigmas”

 

 

Luisa Fernanda Mejía Duque es bióloga de la Universidad de Antioquia. En este grado ha profundizado en Agroecología y trabajo con comunidades. Se especializó en pedagogía. Se prepara como licenciada en enseñanza básica de danza en la misma institución.

 

Esta última formación la ha aparcado, de momento, para disfrutar de su maternidad. Tiene varias certificaciones internacionales entre las que destaca la del I.S.O.C (International Saray for Oriental Culture del maestro Hassan Khalili) reconocida por la Unesco para la enseñanza de la cultura y las danzas árabes cursada en la ciudad de El Cairo en el año 2011.

 

Lú Amar, nombre con el que es reconocida como marca personal desde 2013, representa lo femenino en casi todas las culturas (Lú que simplifica la sonoridad de su esencia y Amar que quiere decir luna en árabe).

 

¿Qué cualidades debe tener una persona para dedicarse a su profesión? “Pasión y obstinación, porque el arte, en un país como Colombia, es resistencia social. Se trata de tomarse la tarea de transgredir las barreras del conflicto muy arraigado en la inequidad de género, para promover una danza que honra lo femenino, lo ancestral…, que mueve paradigmas”.

 

¿En qué consiste su proyecto? “Estamos en el proceso de creación de una comunidad de viajeros culturales en torno a los países orientales. El propósito es encontrar o crear nichos donde todas estas personas interesadas en diversos aspectos relacionados con estas culturas, puedan ampliar su visión sobre esta parte del mundo sin salir de Medellín. La idea es hacer uso de las herramientas cada vez más crecientes que apuntan a esta tendencia, como el yoga, la meditación, la danza, la alimentación saludable…”.

 

¿Cómo lo materializan? “Desarrollamos una plataforma digital especializada, que se llama www.viajeaorigen.com, donde alojamos de forma georefencial todas las actividades, proyectos o personas, que realizan diversas actividades pedagógicas, artísticas, terapéuticas, comerciales, culturales o espirituales que promueven estas culturas y que están dispuestas a recibir a nuestros viajeros, para contarles el contenido cultural detrás del desarrollo de cada actividad. Para ir a descubrirlas, conocerlas, saborearlas, reflexionarlas, ideamos la herramienta comercial “pasaporte cultural”, un documento físico y reimprimible que ofrece para ellos beneficios, ya sean descuentos, regalos, o ingresos gratuito y donde pueden registrar sus visitas, redimir estos beneficios y hacer seguimiento a su proceso de viaje”.

 

 “Estamos en una época en la que es necesario vernos en todas nuestras dimensiones: cultural, contextual, racial, idiomática, espiritual…”

 

 

¿En qué se inspiraron? “Tomamos como antecedente estudios genéticos que demuestran que en nuestra población “paisa” (habitantes de Medellín-Colombia) tenemos por lo menos un 30 % de genes africanos y amerindios y si bien se plantea un 70 % de genes europeos. Esto implica otro punto de reflexión científica que estima el tránsito cultural que viene de Oriente a Occidente hace millones de años. Estamos en una época en la que es necesario vernos en todas nuestras dimensiones: cultural, contextual, racial, idiomática, espiritual… Por tanto, considero que para eso hay que conocer aquello de lo que hacemos parte, eso que nos representa en nuestra base original a lo largo de nuestro proceso evolutivo, que pone en relevancia las culturas orientales de las cuáles hemos heredado mucho desde el principio de nuestras civilizaciones”.

 

¿Cuántos años hace que lo practica? “Trabajo con el cuerpo y las artes escénicas desde los 4 años. Me inicié con el teatro y la gimnasia en 1988. A las danzas árabes llegué en el 2004 atraída por el ritual femenino del brillo, los vestuarios y la sensualidad de los movimientos. Tal vez, con cierta ingenuidad frente a lo que ella me reservaba. ‘Viaje a Origen’, el proyecto, nace en 2017. Es la cosecha de catorce años de gestión y el establecimiento de viejas alianzas ya consolidadas. Tenemos alrededor de nueve mil personas que siguen estas culturas. Estamos en la etapa de tipificación, estructuración y agremiación de las distintas comunidades”.

 

Háblenos sobre el palacio egipcio. “Es un templo. El único construido para Ra, el Dios del sol, fuera de Egipto. Está basado en las características del Magreb y posee todo el cientificismo del antiguo Egipto. Contiene toda una historia por descubrir. Ahora es una edificación patrimonial que ha pasado por muchos usos y se encuentra en un alto grado de deterioro. Estamos gestionando recursos para recuperarlo y devolverle su poder histórico que se suma al sentido de su construcción, tan necesario para este momento. Cuentan que se construyó aquí, y que consideró las profecías mayas que vinculan a Medellín como un faro de luz para el mundo. También dicen que fue construida para este siglo, de acuerdo a la misión transmutadora del Dios Ra”.

 

¿Con qué sueña una persona como usted? “Con muchas cosas. A veces dormida y otras despierta. En todos mis sueños quiero volver al campo, a criar gallinas y a labrar mi huerto. Sueño con tener un lugar donde recibir a muchas mujeres que, así como yo, estén en la búsqueda de recuperarse para sí mismas, de sanar este útero espástico que viene como consecuencia del sistema patriarcal que practica la represión sexual que ha construido el concepto de la “niña buena” que radicaliza a una mujer callada, asexuada, que dice que sí a todo”.

 

 

 

 

¿Qué es el útero espástico? “Es aquel que ha perdido su flexibilidad, elasticidad y movimiento. Ese que debe asumir posturas que bloquean el cuerpo y generan tensiones pélvicas que cierran el aparato sexual y que trae como consecuencia partos dolorosos, dolores menstruales y enfermedades que se desarrollan en nuestros sistemas reproductivos bajo la sentencia de: parirás con dolor. El útero está cómodo y sano mediante la fluidez de movimientos retráctiles y ondulatorios alimentados por la oxitocina, la hormona del amor y la vida, la misma que secretamos durante el orgasmo. La hemos cambiado por la adrenalina, la hormona del estrés y la muerte que suprime en nosotros el beneficio de dar a luz. Creemos en todos los apartados sociales que nos obligan a separarnos de nuestras crías de maneras no naturales”.

 

¿A qué renunciamos? “Dejamos de vivir la danza y el erotismo para la autorregulación. No las utilizamos como herramienta de seducción al hombre que ve a la mujer como un “objeto” deseado. Como dice Mónica de Felipe: “ni puta ni sumisa”, quiero ser yo misma, tener mi dignidad con una referencia propia. Necesitamos recuperar nuestra autonomía porque de nosotras nacen las futuras generaciones. Es urgente que reconozcamos en nuestros cuerpos el potencial de esta danza que ancestralmente nos une a nuestros antepasados, a esas mujeres de ritual y alabanza. Es necesario identificarlo como el templo de la prostituta sagrada, la sacerdotisa del culto a la fertilidad, que era considerada por las antiguas civilizaciones como un hito de respeto que conjugaba ternura, espiritualidad, misterio, sexo, sensualidad y amor materno”.

 

¿Cómo desarrolla su propio proceso? “Desde los 19 años emprendí una tarea que me permitiera relacionarme de manera adecuada con mi femenino. La danza árabe me sirvió para matizar mi energía masculina e incorporar a mi vida la literatura feminista y el trabajo social enfocado en el género. Lo que refrendó en mí este propósito vital, estuvo patentado en mi proceso de parto en casa que duró 7 días. Fue una semana en la que me enfrenté al proceso de querer liberar mi útero para dar a luz y al final tuve que someterme a una cesárea necesaria, que me volcó a la realidad de estar viviendo una relación marital violenta que sostuve durante 4 años. Estos sucesos me ayudaron a desarticular en mi vida los traumas infantiles ligados al género y las presiones sociales que vive una mujer con un cuerpo atlético en una sociedad netamente machista. Todo esto se suma a las tensiones incorporadas por la gimnasia y el ballet clásico que practiqué desde la infancia y que generan mucha rigidez pélvica en su ejecución técnica. Todo esto repercutió en mí para lo que hoy desarrollo”.

 

 

“Estos sucesos me ayudaron a desarticular en mi vida los traumas infantiles ligados al género y las presiones sociales que vive una mujer con un cuerpo atlético en una sociedad netamente machista”

 

 

¿Cuál es su próximo proyecto? “Viaje a Origen es un proyecto de vida, de aquí en adelante quiero trabajar en el desarrollo de espacios de convergencia cada vez más especializados. Quiero lograr que estas personas que sienten atracción, que para mí es más un llamado de las culturas de los países orientales, encuentren espacios para redescubrirse a través de ellas; de la práctica de la danza, yoga, meditación, alimentación consciente, el reiki, la geometría sagrada, la radiestesia y este listado, que parece interminable, de aquellas cosas que si llegan a más gente, cambiarán nuestro contexto social. Se aproximan veladas hindúes, conversatorios culturales, espacios de ritualización de la danza, presentaciones de arte, talleres culinarios y la suma de las actividades de todos nuestros proyectos aliados”.

 

¿Cómo se materializan los espectáculos? “Para mí lo más importante es el propósito de su creación, concretar el fin y con esto la población que quiere ser penetrada a través del sensitivo discurso que desarrolla el arte. Si está claro el sentido, lo que sigue es el desarrollo logístico de encontrar las condiciones óptimas para lograr los objetivos. Conseguir el lugar, convocar los artistas, entrenar, crear, encontrar el lenguaje comunicativo que le permita hacer efectiva la fase de su sustento financiero, el talón de Aquiles de la mayoría de los espectáculos desarrollados netamente por artistas. Necesitamos integrar, a nuestros equipos, a personas con diversas competencias para generar mayor impacto”.

 

¿Cuál es el tipo de baile que más le gusta? “He pasado por el folclor colombiano, algunos bailes de salón, la danza contemporánea y el ballet clásico. Además de diversas disciplinas deportivas que asumí a nivel competitivo como la gimnasia, el patinaje y el polo acuático. Ninguna de ellas transgrede de tal forma las barreras del cuerpo y el ritmo cardíaco como la danza árabe. Es como una antinarrativa de las culturas occidentales, más de las latinoamericanas y esto he podido argumentarlo desde distintos puntos de vista. Llegué a las danzas egipcias principalmente para quedarme y cuando pisé el aeropuerto del Cairo mi cuerpo y mi mente se sincronizaron en un solo sentir: ¡he vuelto!”.

 

Por: Luz Toro

Fotografía: Fabio Arboleda

 

 

 

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