Paula Bonet (Vila-real, 1980) está en un momento de gracia. En los últimos cuatro años se ha convertido en un referente de la ilustración, dejando su sello en cuentos infantiles, libros de poesía, murales en Chile o diseños para bandas y festivales. Todo esto bajo la atenta mirada del más de medio millón de seguidores en sus redes sociales.

Tras el exitoso Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END (cerca de 20000 ejemplares vendidos) y su homenaje al director François Truffaut en 813, la artista valenciana publicaba el pasado mes de octubre La Sed. Un relato que abre una ventana hacia dentro, a una oscura introspección repleta de miedos e inseguridades. Un poético y desgarrador seísmo emocional que en menos de un mes agotó su primera edición.

 

Me cito con Paula Bonet a mediodía en una de esas típicas mañanas de La Laguna en las que brilla el sol, pero una fuerte brisa fría recorre sus calles. Tengo poco más de 90 minutos, pero quiero invertir parte del tiempo en un primer contacto sin cámara ni entrevista de por medio.

Nos sentamos en la cafetería más cercana. Yo pido un café, ella una cerveza (“la de aquí”).
Sus ojos son grandes, curiosos, y el tono de su voz es tranquilo. Parece fácil hablar con ella, y eso es algo que no puedo decir de cualquier persona a la que acabo de conocer.

Mientras le cuento qué me ha llevado hasta allí (hasta ella), hablamos de su trabajo, de sus influencias, de feminismo, de sus intenciones; le explico en qué consiste el cortado “leche y leche” que me acaban de servir y, por supuesto, hablamos de La Sed, su último libro.

 

Sé que es complicado empezar por el final, pero para quien no conozca la obra, ¿cómo resumirías lo que quieres contar y transmitir con La Sed?

La Sed es una voz de mujer, de varias, muchas, todas las mujeres hablando como una sola. Y con ellas la historia oculta de las cosas, la transformación del léxico y las costumbres, la necesidad de apuntar a la mirada individual buscando la avalancha colectiva. Es una llamada animal para salir del letargo de los días muertos.

 

La Sed es un relato duro, hiriente en ocasiones… Al igual que lo es aceptar la soledad, el dolor, o la desilusión como algo presente y natural en nuestras vidas. ¿El proceso fue tan tortuoso como el resultado?

Todavía no puedo desprenderme del proceso doloroso que he intentado vivir con la mayor serenidad posible mientras se gestaba. Este derrumbamiento, lleno de temblores y réplicas sigue aquí conmigo. Como cuando después de un movimiento telúrico de grado 10 la Tierra sigue liberando energía y nos asusta con sus réplicas.

 

En el libro se habla de tres mujeres, o mejor dicho, de una mujer con tres nombres: Lupe, Monique, y Teresa. Tres personajes con sus heridas, su manera de ver las cosas y de afrontar el dolor. ¿En qué y quién te has inspirado para contar sus historias? ¿Son Lupe, Monique, y Teresa un reflejo de Paula Bonet?

Cuando La Sed empezó a esbozarse intentaba ser un homenaje explícito a una serie de mujeres que me han ayudado a entenderme. A relacionarme con mi obra y con un contexto en el que el patriarcado sigue negando la igualdad de género.

María Luisa Bombal, Teresa Wilms Montt, Clarice Lispector, Anne Sexton. El hecho es que cuando empecé a escribir me di cuenta de que estaba en plena fase de enamoramiento. No podía ver con perspectiva ni hacer nada parecido a lo que hice con François Truffaut en 813. Así que decidí hacer lo más honesto: llevarme la historia a la ficción y hablar a través de un personaje muy cercano a mí que intentara contenerlas.

 

¿No te da miedo exponer de manera tan abierta tus pensamientos y tus sentimientos?

No, porque toda mi obra bebe de ellos. Y ellos aparecen en ella después de pasar por el filtro de la palabra o el trazo.

 

Teresa es el personaje principal y el más intenso de todos. Un terremoto de emociones que en un momento dado decir poner fin a todo, en una de las muchas referencias que hay al suicidio. ¿Intenta de alguna manera Paula Bonet acabar con la imagen más dulce de la anterior Paula Bonet?

La Sed habla de renuncia. Intento renunciar a una parte de mí que se ha convertido en lastre.

 

El colorido y la estética más pop de tus anteriores obras ha quedado atrás. Los colores se han apagado y los escritos ahora son mucho más crudos. No se puede decir que 813 fuera un libro comercial, pero ¿temías en algún momento que La Sed supusiese perder a los seguidores que esperaban un nuevo Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END? ¿Tembló la editorial (Lunwerg) con la idea?

El éxito del The End fue algo que tanto a la editorial como a mí nos pilló por sorpresa. Me costó digerirlo. Agradezco mucho ese éxito, porque gracias a él he podido seguir haciendo lo que me ha dado la gana, como siempre he hecho. Creo que intentar hacer otro The End porque el anterior había funcionado, para asegurarme un éxito, habría sido un error.

Ni en 813 ni en La Sed he tenido en cuenta la repercusión que los trabajos podían tener a nivel comercial. Tampoco me ha influído la sombra del The End. Lunwerg siempre ha respetado las decisiones que he ido tomando.

 

Otra novedad significativa ha sido el cambio de técnicas. En esta ocasión podemos referirnos a ti como pintora más que como ilustradora. ¿Qué métodos has utilizado para ilustrar La Sed?

El libro está dividido en diez capítulos, pero en realidad podría dividirse en tres partes que vienen muy marcadas por el contenido. Quise que la historia que se nos contaba fuera muy de la mano del modo en que se contaba, tanto en cuanto a la palabra como a la imagen. Así que decidí usar tres técnicas. La primera, el aguafuerte, una técnica de grabado con la que se consigue una línea dura que puede parecer encorsetada. Esta primera parte es así, dura, encorsetada, ingenua, cruda. La segunda parte es narrativa, me serví del dibujo para resolverla. La tercera, abstracta, liberadora. Carne que quiere carne. Utilicé la pintura al óleo, manchas libres, fundidos, capas de pintura volátiles.

 

Por primera vez en tu obra, al menos de manera directa, aparece el feminismo. Pienso que hoy en día es importante que el artista (hombre o mujer) se implique y posicione en cuestiones como esta, debido a la capacidad que tenéis para llegar a más gente. ¿Cómo se lleva ser mujer en la industria? ¿Has pensado en algún momento “esto no pasaría si fuera hombre”?

Lo he pensado y lo he vivido en mis carnes decenas de veces. Esta igualdad a la que se supone que nos acercamos no es tal. El machismo está en nuestra configuración. En nuestro léxico, en nuestro modo de relacionarnos. Hay muchísimo trabajo por hacer todavía.

 

Me gustaría hacer hincapié en algo, y es que el lector no debería confundir el hecho de que La Sed tiene un trasfondo feminista, con que es un libro para mujeres, ¿no crees? Son dos mitos muy presentes: Que la audiencia de una autora debe ser femenina, y que el feminismo es solo una lucha de ellas.

El feminismo busca la igualdad. Las mujeres no escribimos sobre mujeres y para mujeres, al igual que los hombres no lo hacéis sobre hombres y solo para un lector masculino.

El feminismo es una lucha de todos.

 

Aún queda camino por recorrer (otras creadoras en otros ámbitos como el cine o la fotografía no disfrutan de la misma repercusión), pero estamos viviendo un gran momento para las mujeres en la ilustración y el comic. ¿Te sientes parte de ese boom que está haciendo posible una mayor visibilidad de las mujeres artistas en España?

Las mujeres siempre hemos escrito, dibujado, pintado, dirigido, compuesto, fotografiado, y un largo etcétera. Se nos ha leído y se nos ha premiado. Pero en el momento de fijar nuestros nombres en los libros de texto desaparecemos. Es lamentable, ¿no crees? Vivimos en un bucle eterno. Si pudiéramos partir de las conclusiones a las que llegaron las generaciones anteriores, avanzaríamos a mayor velocidad.

No me siento parte de ningún boom. Me siento parte de una generación que necesita explicarse y que quiere tener voz.

 

Hace dos años visitaste Gran Canaria y El Hierro con el proyecto #Onthedraw, y el pasado mes de diciembre presentaste La Sed en Tenerife, en una actividad enmarcada en la programación de Merkarte. ¿Qué tal tu experiencia por las islas? ¿Algún plan a la vista que incluya Canarias en la ruta?

Visitar las Islas Canarias es siempre una experiencia maravillosa. La gente canaria tiene algo especial que te vincula a su tierra incondicionalmente. Con el proyecto #Onthedraw tuve la suerte de conocer Gran Canaria, Tenerife y El Hierro, y esta última me robó el corazón.

Tengo muchas ganas de volver con calma y visitar las otras islas. La Gomera me llama especialmente.

 

Para aquellas personas que están en su casa dibujando sin parar, soñando con que su obra llegue a miles de personas, ¿qué consejo les darías? ¿Qué hacer cuando eres la nueva sensación de la ilustración para que no aparezca THE END antes de tiempo?

Que quizás lo más importante no es llegar a miles de personas sino sentir que lo que se está haciendo vale la pena.

El final puede aparecer en cualquier momento. Ser “la nueva sensación” es algo peligroso, así que prefiero seguir haciendo mi trabajo al margen de lo que se diga sobre mí en los medios. Lo importante es poder dedicarse a lo que a uno le gusta, tenga o no tenga repercusión mediática.

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