Noemí Brito: “El Derecho y la Tecnología están condenados a entenderse”

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“Saber conjugar ambos parámetros en la actualidad es, sin lugar a dudas, parte de la piedra filosofal sobre la que radica el éxito de los negocios digitales”

Noemí Brito, abogada y ganadora del Premio Universitario de Estudios Jurídicos de la Universidad de La Laguna, reflexiona sobre la relación entre el derecho y las nuevas tecnologías.

 

La llegada de las nuevas tecnologías a propiciado que todas las profesiones y aspectos cotidianos de la vida diaria evolucionen y se adapten a todas esas ventajas que proporciona Internet. El dogma “renovarse o morir” ha sido adoptado por múltiples empresas. El Periodismo es una de ellas, ahora el periodista también debe tener conocimientos sobre edición y montaje web, conocer como tiene que escribir en formato web o qué características debe tener el texto para ser el más leído y que las personas accedan a él a través de las redes sociales.

La información es un producto muy valioso. Sin embargo, esta oleada y actualizaciones de las reconocidas TICS (Tecnologías de la información y la comunicación) favorecen a otras áreas como, por ejemplo, el derecho. La socia fundadora y directora del Área de Derecho Digital de la empresa Legistel, Noemí Brito Izquierdo, combina estos dos pilares para que las leyes, tediosas y enrevesadas para el ciudadano de a pie, sean dinámicas y favorecedoras para el usuario y las entidades.

“Mi interés por el mundo de la tecnología se inició durante mi paso por la Universidad, investigando en temas asociados al derecho de las telecomunicaciones. Trabajando en ello, tuve la oportunidad de ganar el Premio Universitario de Estudios Jurídicos de la Universidad de La Laguna, “Felipe González Vicén”, lo que me enorgullece, guardando un gran recuerdo de esta etapa universitaria, pues me permitió despertar y explorar campos, que en ese momento, comenzaban a ser regulados de forma general”, explica.

Sobre la relación entre el derecho y la tecnología, Brito entiende que “hoy en día, ambos conceptos están irremediablemente condenados a entenderse. La sociedad y la economía actual son digitales y pivotan sobre un mundo basado en conectividad, en redes, en algoritmos, en datos automáticos, en procesos tecnológicos. Si el derecho va tras el cambio social, podemos afirmar sin duda a equivocarnos que el derecho tradicional ya es digital, pues esta realidad impregna nuestras relaciones y el modo en que se desarrolla de un modo, además, que apenas logramos a percibir o a vislumbrar”.

Y es que ese hermanamiento no solo es útil para agilizar el trabajo, la abogada apunta que “trabajar asociado a lo digital, te obliga y te permite, al mismo tiempo, abrirte a nuevos retos, analizar y explorar tendencias tecnológicas, así como reflexionar o debatir, no sólo sobre sus efectos jurídicos, también sobre los éticos. Con el tiempo, y la experiencia, desarrollas una capacidad creativa muy interesante que, a veces, te permite adelantarte a ciertos planteamientos y esbozar soluciones legales disruptivas. Te aporta una nueva visión del papel real que debe jugar el regulador y el derecho a fin de no frenar la innovación, aunque sin merma tampoco de los derechos de las personas que no deben diluirse en un entramado de bits”.

No obstante, el entramado de la web permite utilizar cientos de herramientas, tanto de pago como gratuitas, por ello, Brito Izquierdo hace hincapié en que “lo importante es saber para que las necesitas y aplicas realmente. A veces, comprarse el último móvil del mercado, o descargarse la app de moda no es necesario, resulta inútil de hecho, puesto que lo importante es conocer cómo maximizar posibilidades reales de aquellos dispositivos y aplicaciones que manejamos realmente de forma habitual. También es importante reflexionar algunos minutos sobre si los estamos usando adecuamente en nuestro beneficio y el de otros. Si tuviera que dar un consejo sobre las herramientas a usar o descargarse, lo único que aconsejaría al usuario es que, antes de hacerlo,  investigará que es lo que pierde o gana en esta ecuación. Por eso, nunca recomendaría al usuario el uso de aplicaciones, plataformas o herramientas donde se paga por ceder parte de tus datos, de tus derechos y libertades. La tecnología está para hacer libre al hombre, no para cosificarlo irremediablemente. Miraría antes si, quién está detrás de la misma, realmente se ha preocupado en desarrollar una tecnología que promueva tal libertad y respeto, que sea competitiva a este nivel, puesto que esa debería ser la elegida, la valiosa”.

Una reflexión que puede aplicarse a la vida diaria, sin embargo, situándonos de nuevo en el paradigma judicial, la entrevistada aconseja a los emprendedores de negocios digitales que “desde la perspectiva legal, lo primero que debemos considerar es a la ley como una baza o pilar competitivo. Ese es el cambio que debe promoverse en todo proyecto emprendedor. Cumplir con la norma y hacerlo de un modo diferencial e innovador también vende hoy en día. Grandes empresas y estructuras digitales caen porque la gente cada vez está menos dispuesta a ser engañada, ninguneada, utilizada y empieza a fijarse en empresas transparentes y confiables. La información legal que se brinde en proyectos digitales, o cuanto de innovadores seamos haciéndolo, puede ser la clave para expensionar una idea de negocio o distinguirla con claridad de otras similares. Si hay que cumplir, ¿porque no hacerlo de forma diferente? ¿Por qué no usar la ley como una aliada competitiva? Está en nuestra mano hacerlo, como empresarios y como usuarios”.

“El principal error que cometen las empresas hoy en día es no estar atentas, como debieran, a lo que les susurra (o grita, según se mire) el mercado digital. Los tiempos cambian de forma rápida, también las oportunidades. La tecnología es así. Observar y aplicar de forma controlada pequeños cambios, tener una actitud de escucha activa en el nuevo entorno, propiciando el desarrollo de nuevos productos y servicios al calor de la conversión digital resulta clave, no sólo para crecer, sino para poder sobrevivir. A veces, no se analizan bien las posibilidades que ofrece el uso inteligente de los datos corporativos y empresariales. Tampoco se potencian las capacidades creativas e intraemprendedoras del equipo humano y del personal laboral que constituyen las empresas. Saber conjugar ambos parámetros en la actualidad es, sin lugar a dudas, parte de la piedra filosofal sobre la que radica el éxito de los negocios digitales o, quizás, para ser más exacta, de cualquier negocio en los tiempos que corren”, asevera la socia fundadora de Legistel.

Por: Sofía Ramos

 

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