Los Colores son Colores

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Los Colores son Colores

El afanado concepto de economía lingüística entró en mi vida ya hace años, sinceramente, de inicio me gustó y me uní a esa filosofía, pienso ahora, realmente por desconocimiento y comodidad. Me dí cuenta que haciendo uso del concepto, justificaba en cierta manera no nombrar a la mujer y no darle visibilidad. He entendido que no puedo agotarme porque a otras personas no les importe que no estemos presentes. No puedo economizar cuando mi propio hijo no comprende lo que le quiero decir.

Mi hijo de cinco años entiende, cuando le hablo de los niños de su clase, que solo me refiero al género masculino, y para que llegue el mensaje que quiero trasladar debo corregir mis palabras y referirme a los niños y las niñas.

Esto me hace reflexionar y reafirmarme en la idea de la importancia del aprendizaje en el ser humano desde muy temprana edad, y cómo orientamos hacia un estilo según el influjo recibido en el día a día.

Estamos en un momento de importante revolución y cambio en lo concerniente a la igualdad entre hombres y mujeres, y debemos entre todas las personas mostrarnos receptivas al mismo, aportando pequeñas acciones que sabemos pueden repercutir de forma extraordinaria.

Los niños, y quiero decir los niños, no dejan de sorprenderme. Vuelve a hacerse viral en estos meses un vídeo donde una madre con su hijo hablaban de una situación que les había pasado en una tienda de ropa con una dependienta. Esta trabajadora le decía al niño, que quería un pantalón fucsia, que la ropa rosa no era para nene, sino para nena. La conclusión del niño el cual mostraba su desacuerdo era que: Los colores son eso, colores, y no son de niño ni de niña.

En casa, hacemos acciones que entendemos marcarán la diferencia en la forma de pensar de nuestro hijo, pequeñas cosas aparentemente insignificantes, importantes y a la vez divertidas.

Tips que te propongo que pongas a prueba y que observes cómo reacciona tu propia cabeza.

  • El cepillo de dientes de mi marido siempre es el rosa, el mío el azul.
  • Con la esponja del baño hacemos lo mismo.
  • Mi maquillaje puede servir de juego para mi hijo.
  • Mi marido y mi hijo preparan recetas juntos en la cocina y son grandes chefs.
  • Las labores domésticas son compartidas y visualmente nuestro hijo lo percibe.
  • Tiene muchos juguetes entendidos como “masculinos”, pero tiene juguetes “específicos” para niñas, me preocupo que así sea, porque además le divierten.
  • Cuando llora, lo refuerzo para que lo haga con libertad y le pido que exprese sus sentimientos. Los niños pueden llorar.
  • Incluimos en su colección cuentos inclusivos y de género. Desterrados los cuentos tradicionales que muestran la supuesta fragilidad de la mujer y robustez del hombre.

Es gracias a él, un niño de cinco años, que me desprendo, poco a poco, de ideas concebidas desde mi niñez. Le doy las gracias por ello.

Por: Silvia García Gómez / Psicóloga

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