De Sororidad y Abejas Reinas

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Creo en el significado de las palabras y en su poder para conducir nuestro camino, tanto individual como colectivo. Por eso, al hablar en mi artículo anterior de la postverdad (palabra del año de 2016) decidí hacer una especie de brindis al sol y desearle una palabra mejor al año 2018. En ese momento, todavía no se sabía que sororidad aparecería como candidata en todas las listas, aunque finalmente solo resultara elegida como el neologismo de 2018 en Catalunya, por el IEC -Institut d’Estudis Catalans (sororitat). Esa circunstancia, me pareció todo un regalo en un año clave para el feminismo, en el que la RAE, por fin, decidió incluir sororidad en su diccionario, tras años de insistencia.

 

Sororidad significa solidaridad y concordia entre mujeres, lo que implica un reconocimiento mutuo plural y colectivo. La palabra se atribuye a Miguel de Unamuno, que en su texto “La tía Tula” planteaba la necesidad, nada menos que en 1921, de disponer de un término equivalente a la palabra fraternal (del latín frater, hermano) para la hermandad femenina, proponiendo para ello sororidad (del latín soror, hermana).

Ha transcurrido mucho tiempo hasta que se ha reivindicado su uso cotidiano, algo que hizo la Fundación del español urgente -Fundéu BBVA- en noviembre de 2016, registrándola en su web como “relación de solidaridad entre mujeres basada en motivos sociales, éticos o profesionales.” No obstante, según el IEC, ha sido en 2018 cuando se ha empezado a utilizar la palabra socialmente y, desde luego, pude constatarlo en primera persona en Barcelona, durante la Huelga Feminista de 2018, donde también me llamó la atención otro concepto: el síndrome de la Abeja Reina.

A raíz de la publicación del contramanifiesto a la Huelga Feminista firmado por varias mujeres de éxito, obviando estadísticas y negando la estructura social y discriminatoria que padecen las mujeres, declaraba la socióloga Cristina Hernández: “El síndrome de la Abeja Reina lo padecen algunas mujeres con éxito en ámbitos masculinos que reniegan de la sororidad, sin ninguna conciencia de grupo. Como ellas han llegado al poder, creen que todas pueden hacerlo, olvidando los obstáculos de clase social y género que sufre el resto“. Me pareció muy revelador y, desde luego, todo lo contrario a la Sororidad.

Sororidad es contribuir al empoderamiento de la mujer desde cualquier circunstancia, incluida la de éxito personal o profesional. Por eso, me produce una gran satisfacción escuchar declaraciones como las de Ana Botín, presidenta ejecutiva del Banco Santander, capaces de trascender su situación individual en pro de esa conciencia de grupo: “Hoy soy consciente de que decir las cosas públicamente, de forma solidaria con otras mujeres, tiene el poder de cambiar. Soy consciente de estar en una posición privilegiada para hacerlo. Así que, cuando hablo, no lo hago solo por mí misma. Lo hago, junto con la gran mayoría de los hombres que nos apoyan, por todas las mujeres. Por eso mi feminismo es ahora público. Y quizá el tuyo también debería serlo.”

Nos enseñaron a ser rivales, pero decidimos ser aliadas. ¡Sigamos adelante!

Por: María-José Dunjó

Especialista en Cambio y Reinvención Profesional

www.cambioyreinvencion.com

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