Resistencia a la insulina

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Resistencia a la insulina

 

Cada vez que comemos, se produce un aumento de glucosa en sangre, alcanzando un pico máximo al que llamamos glucosa postpandrial. Este exceso de glucosa hace que la sangre se vuelva ácida, por lo que ese pico debe ser regulado por el organismo de manera inmediata, mediante una hormona producida por el páncreas, llamada insulina.

 

La insulina es secretada al torrente sanguíneo, comenzando a disminuir los niveles de glucosa en sangre. Una parte de esta glucosa se convertirá en glucógeno y se almacenará en hígado y músculos, pero la gran mayoría se almacenará en forma de adipocitos (grasa) para poder producir energía cuando sea necesario.

Si necesitáramos energía al cabo de unas horas, el páncreas está preparado para secretar la hormona antagónica a la insulina: el glucagón. Su trabajo consiste en obtener energía, transformando la grasa en glucosa (lipólisis) y favoreciendo la pérdida de peso gracias a la activación de la enzima triglicérido-lipasa. El problema es que la mayoría de la población en los países ricos no espera a que esta hormona actúe.

En cuanto tenemos sensación de hambre, inmediatamente picoteamos, y además solemos comer alimentos con alto índice glucémico, produciendo una hiperglucemia de nuevo, otra secreción de insulina y así entrar en un círculo vicioso de acúmulo de grasa constante, por la activación de la enzima lipoproteínlipasa, que estimula esta lipogénesis (la conversión de azúcar en triglicéridos, que da lugar al aumento de los adipocitos), generando una descompensación hormonal entre el eje insulina/glucagón y favoreciendo la resistencia a la insulina, lo que motiva el aumento de peso y la aparición de enfermedades como la obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares, dislipidemias, ovarios poliquísticos…

Podemos evitar este desequilibrio hormonal, llevando una alimentación adecuada basada en alimentos vegetales (fruta, hortalizas, verduras, cereales integrales, legumbres), sin olvidar los alimentos ricos en ácidos grasos beneficiosos como los frutos secos, semillas y frutas grasas como el aguacate y el coco. Evitando el azúcar y todos los productos que lo contenga (repostería, galletas, dulces…), cereales refinados, refrescos, helados, zumos envasados y también alimentos que dañan el hígado y el páncreas como el exceso de proteína animal o el alcohol.

Por otro lado, también es importante realizar ejercicio físico, tener una buena calidad de sueño, evitando el estrés y ¡¡siendo felices!!

 

Recuerda, no suprimir las cosas “buenas” de la vida, impide disfrutar de las mejores.

 

Por Rayma García – Nutricionista

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