Marta Moncada: “Vivo entre la ingeniería, los perros y el waterpolo”

 

Marta Cecilia Moncada Pereira, es ingeniera civil graduada en la Universidad de Medellín. Es especialista en Economía y Negocios Internacionales. También es Operadora Bursátil, una profesión que le permitió desempeñarse, durante siete años en dos empresas, en el manejo de lo que se relaciona con la Bolsa, sus operaciones y valores. Un título que obtuvo en Eafit.

 

Se confiesa amante de los números. Su formación así lo demuestra. Ejerció la ingeniería durante muchos años y hoy la compagina, aunque en menor cantidad, con su guardería de perros a la que se dedica de lleno desde hace un par de años, porque además, se diplomó en Etología Canina y Felina en el CES. Estudió Técnico en Intervenciones Asistidas con Animales en La Golondrina –Bocalán, la única organización que se dedica a esta actividad con presencia en tres continentes.

 

¿Cómo empezó esta aventura? “Todo comenzó cuando mi esposo me regaló a Lorenza hace diez años. Desde niña quise tener un perro pero mi madre no me lo permitió. Cuando me hice mayor, la actividad laboral de mi marido y la mía también lo dificultaba. Por fin un día fue posible. Ella llegó a mi vida, empecé a aficionarme y me cambió por completo. No nos separábamos ni un segundo. Empezamos a practicar el Agility, un deporte en el que los perros hacen un circuito de obstáculos. Poco a poco comenzamos a profundizar y a trabajar también la obediencia. He sido muy deportista siempre por lo tanto, necesitaba un perro que me acompañara”.

 

¿Qué hace Lorenza? “Trabaja en labores sociales, porque está entrenada para asistir a niños y personas adultas con dificultades, en una entidad que se dedica a tareas con la primera infancia en el área de aprendizaje, fisioterapia y en la que se desarrolla también la parte recreativa. La terapia, la educación y las actividades son las tres fases en las que se divide esta actividad. Las golondrinas, nombre del centro asistencial, labora en conjunto con Bocalán, un instituto de conducta humana y animal con sede en España y sucursales en otros países en el desarrollo de tareas de intervención asistida con animales que ayudan a las personas a cubrir sus necesidades”.

 

Marta Moncada comenta que “hace aproximadamente año y medio, mi esposo y yo, nos vinculamos a la Cruz Roja. Nos enfocamos en la parte que se dedica a la búsqueda y rescate en el área de socorrismo y salud. Formamos a nuestros perros para esta disciplina para que en catástrofes presten la asistencia de ubicación de las víctimas. Esta entidad exige, por parte de los voluntarios, un compromiso, una responsabilidad, el tiempo…porque en ella la formación y las ganas son fundamentales. Tenemos que tener los conocimientos sobre lo que tenemos que hacer en determinados momentos”.

 

¿Cómo empezó la guardería canina? “Este proyecto se inició hace siete años. Un día me hizo falta dejar a Lorenza pero lo que existía no llenaba mis expectativas. A raíz de eso pensé que había una necesidad muy grande de construir esta guardería pensada para ellos. Aquí tienen espacios amplios, zonas verdes, diferentes corrales para que puedan estar tranquilos, jugar y correr con otros. También hacemos deporte, los adiestramos, y practicamos con ellos comportamiento y actividades asistidas. Todo empezó como un hobby y se generó un boca a boca. Crecimos por el buen servicio que prestamos además, de recogida y entrega a domicilio. El recinto se llena en temporada de vacaciones y muchas veces digo que no porque tengo aforo limitado. Me gusta que cada uno tenga su espacio para evitar peleas. La responsabilidad de un perro ajeno es enorme porque es un miembro más de cada familia. La labor es delicada. Tenemos veterinario de guardia y estamos pendientes de las necesidades de cada uno”.

 

 

 

 

¿Cómo se involucró en el Agility? “Nuestros perros son muy inteligentes y hábiles y nos han regalado muchas sorpresas. En principio competíamos a nivel regional, luego nos animamos a participar en los nacionales y por último nos lanzamos al ámbito internacional. Participamos en el campeonato Américas y del Caribe que es de frecuencia anual y se celebra en diferentes países. Hace un año se celebró en Medellín y fuimos los organizadores. Participaron más de trescientos cincuenta deportistas de quince naciones. Nuestros perros, que preparamos durante un año y medio, hicieron muy buenas presentaciones y quedaron campeones en sus respectivas categorías. Organizar esto fue algo problemático porque los alojamientos ponían pegas para que los animales pernoctaran. Al principio fue difícil pero los hoteles entendieron que era una oportunidad para ellos. Los hospedajes del evento hoy permiten la entrada de estos seres. Todo un logro si tenemos en cuenta que ellos hacen partes de nuestra sociedad”.

 

¿En qué consiste esta competición? “Dueño y perro constituyen una dupla. Ambos participan en un circuito que consiste en atravesar unos obstáculos. El perro con la ayuda del guía, sin tocarlo, debe pasar cada escollo en el menor tiempo posible y con el menor número de faltas”.

 

¿Y si hablamos de usted? “Vivo entre la ingeniería, los perros y el waterpolo. Desde muy pequeña realizo deportes a nivel de competición. Lo primero que hice fue jugar al voleibol. Fui Selección Antioquia y en alguna oportunidad participe con el equipo que representaba a Colombia. A este deporte lo practiqué hasta hace dos o tres años. De manera simultánea en 1984 me dediqué al waterpolo femenino. Fuimos pioneras en Antioquia. Era una actividad masculina. Teníamos que jugar con los hombres y aprendimos mucho porque nos exigían y nuestro nivel subió de forma considerable. A nivel local no había equipos. La liga estaba conformada por tres conjuntos a nivel nacional. De ellos se constituía la Selección que representaba a Colombia a nivel internacional. Jugué durante muchos años, pero como estudié fuera, me desvinculé un poco. Me retire más o menos seis meses y perdí entrenamiento. El deporte es ingrato porque en quince días perdí el setenta por ciento de lo que tenía. El equipo de dispersó”.

 

 

“Tenemos que aprovechar que tenemos una independencia y podemos organizar nuestro tiempo y espacio. Hay que vivir el momento”

 

 

¿Y qué vino después? “Empecé a nadar en campeonatos Máster en la categoría de 30 años en adelante. Comencé a competir en el 2007. Participé en un mundial de natación en Estados Unidos. Representé a Colombia. Nunca he dejado el deporte. Hace más o menos un año y medio me enteré de que había campeonatos mundiales de waterpolo en mí categoría en Budapest. Conseguí reunir a todas mis compañeras y empezamos constituir de nuevo el equipo, con muchas dificultades. Unas casadas, otras con hijos y otras con un sinfín de obligaciones. Vivían fuera del país. Fue un reto. Las de fuera entrenaron la parte física en sus respectivos sitios. Nos preparamos juntas en épocas determinadas para entrenar como equipo, trabajar táctica…. Se dificultó la preparación ya no teníamos la misma condición. Pero llegó la recompensa quedamos en tercer lugar y trajimos a casa una medalla de bronce. Fue muy satisfactorio porque jugamos en una categoría de 45 años más. Es un nivel muy bueno y pudimos comprobar que todavía estamos en el ajo. Nos faltó un equipo más completo para tener mayores descansos. Éramos limitadas y fue un triunfo haber podido participar como Selección Colombia de Clubes. Otra voluntad adicional fue que no hubo patrocinio. Representamos a nuestro país con nuestro esfuerzo para conseguir el capital y sostener nuestros gastos. Solo nos dieron uniformes. Vinimos con muchos ánimos y expectativas y nos seguimos preparando para un Panamericano en Orlando en Julio del 2018 y en el 2019 pensamos ir al Mundial de Corea. Esos son nuestros objetivos”.

 

Realizada, con una vida llena y plena, Marta Moncada hace lo que le gusta. “Tenemos que aprovechar que tenemos una independencia y podemos organizar nuestro tiempo y espacio. Hay que vivir el momento. Hoy, estoy dedicada en la mayor parte a los perros. También ejerzo la ingeniería porque me gusta estar activa, y hago una labor social importante que deberíamos practicar todos. Los animales te enseñan la nobleza, el amor incondicional, la disciplina… y tenemos que respetarlos”.

 

Para terminar la entrevista, Marta Moncada hace un apunte importante: “A lo largo de todo el proceso que he llevado mi esposo ha sido un pilar fundamental. Ha sido mi mayor apoyo en este proceso de crecimiento, que ha sido mutuo. Él está igual de involucrado. Hacemos muchas cosas juntos y nos complementamos. Nuestro viaje a Budapest estaba programado. Justo antes de irnos renunció un empleado que era relevante en mi empresa. Gabriel, mi marido no fue al viaje e, hizo el trabajo de nuestra empresa de ingeniería y se encargó de la guardería para que yo me pudiera ir a competir. Somos un equipo”.

 

Por: Luz Toro

Fotografía: Óscar García Sierra

 

 

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