Jessica Molina: “La abogacía es individualista y, en algunos casos, machista”

 

Jessica Molina Carbonell es letrada, graduada en la Universidad de La Laguna, miembro del AJA Tenerife (Asociación de Jóvenes Abogados) y secretaria de la Federación Interinsular de Automovilismo de Santa Cruz de Tenerife. Se dedica al Derecho Civil y Penal, aunque aseguró que “hoy hay que tratar con todo lo que llega al despacho porque la situación no está para escatimar”. Se considera afortunada porque puede trabajar en lo que le gusta. Cada día se levanta con un objetivo y se acuesta con un logro.

 

Hoy es abogada, pero en el pasado… “era muy tímida y tenía miedo a todo. Decidí un día mirar por mí y tomé la decisión de salir adelante y dejar de lado aquello y a quienes me anulaban. Ahora tengo ilusión, me falta energía para alcanzar mis sueños. Los problemas personales me hicieron parar, pero la mentalidad positiva me cambió la actitud. Decidí que yo valía y que iba a luchar por lo que quería. Acabé la carrera. En este camino me propuse a cambiar de estilo de vida a uno más saludable y perdí veinticinco kilos. A partir de ahí todo fluyó”.

 

¿Cómo fueron sus inicios? “Cuando terminé conseguí mi licenciatura y un trabajo. En menos de un mes estaba en mi primer juicio. Me inscribí en el Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife como requisito indispensable para poder ejercer. El sistema de afiliación hoy ha cambiado. Los estudiantes tienen que hacer un máster de acceso a la abogacía y después un examen a nivel nacional para entrar a este organismo en cualquier punto de España”.

 

¿En qué se desempeña? “Comparto despacho con un compañero que me ha enseñado gran parte de lo que sé. Desde los detalles del derecho hasta el uso del mismo. Me ha ayudado a descubrir mi potencial. Su sabiduría y mi entusiasmo han hecho que día a día ame más lo que hago. Que la gente deposite su confianza en mí, para ayudarles cuando sus problemas son lo más importante, es una gran responsabilidad. Es una tarea que me exige un constante aprendizaje. He crecido a base de estudiar doctrina, jurisprudencia, asistir a clientes y vivir el día a día del ejercicio”.

 

Con tan solo dos años de desempeño en esta materia se siente orgullosa. “En este tiempo he llevado casos en materia civil, penal, penitenciaria, algo de mercantil e incluso militar. Aunque no todo es celebrar juicios. También hay que hacer mucha redacción, estudio, gestiones que requieren los interesados, la sapiencia de los que se desempeñan en la rama que consiste en elaborar contratos de trabajo, de servicios, de arrendamientos…”.

 

Respecto a las elecciones a la Junta del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, en las que participó como candidata… “Conocí a Marlene Martín, que es también profesional de la rama. Yo solo llevaba seis meses en la profesión y me invitó a presentarme, con ella a la cabeza, en una plancha que se llamó Tu realidad, nuestro compromiso. No llegamos a la presidencia pero fue una experiencia, que aunque dura, resultó muy enriquecedora a nivel personal y profesional”.

 

 

“Nuestra organización trasciende del ámbito local y, junto a otras agrupaciones del resto de España, conformamos la Confederación Nacional de Abogados Jóvenes”

 

 

¿Qué hay sobre su presencia en el AJA? “En septiembre del año pasado se celebraron las votaciones, para la Asociación de Abogados Jóvenes y Noveles de Tenerife, para cubrir dos puestos vacantes. Guillermo Santos y yo fuimos designados como vocales.

 

¿En qué consiste este organismo? “Sus objetivos son la formación, la información y la defensa de los que ejercen la materia, hasta diez años, que se inician en la profesión y precisan de un apoyo o seguimiento por parte de esta agrupación. No tenemos un número determinado de propósitos porque van en función de las peticiones y necesidades que les surgen a los compañeros durante el desarrollo de sus labores”.

 

¿Cómo es el desempeño de este órgano? “AJA está integrada dentro del Ilustre Colegio de Abogados con una cierta independencia y una orientación exclusiva a los intereses ya mencionados. Nuestros miembros tienen preocupaciones distintas a las de los profesionales de dilatada experiencia. Ofrecemos formación gratuita autoorganizada; traemos ponentes de reputado conocimiento; conseguimos acuerdos para que los jóvenes se beneficien… Nuestra organización trasciende del ámbito local y, junto a otras agrupaciones del resto de España, conformamos la Confederación Nacional de Abogados Jóvenes. Tratamos de buscar soluciones a los problemas de esta parte del gremio. Hemos tenido representación en varias Comisiones del Consejo General de la Abogacía al recurrir a ámbitos superiores”.

 

¿Cómo resume sus primeros años de profesión? “Fue un quehacer de comienzos difíciles, de asentamiento lento pero, si amas lo que haces y te esfuerzas cada día, las cosas van saliendo. Hace falta creer en lo que ejerces sin importar lo difícil que se haga el camino. Solo así, puede materializarse. El primer año, después de adquirir mi licenciatura, tuve que trabajar en las prácticas para ganar experiencia. Presencié juicios, cooperé en pleitos, me instruí en todo aquello que se obviaba en la carrera e incluso, a mi entender, no se aprende en la Escuela de Práctica Jurídica. Me sentí feliz cuando adquirí mis casos propios. De ellos obtuve beneficios. Ahora colaboro con mi compañero, asisto a sus citas y, en momentos puntuales, participo en otro despacho en la Laguna”.

 

¿Cómo es esa primera experiencia frente a un caso judicial? “Muchos nervios, pero he contado con mis colegas. He tenido la suerte de toparme con personas que me han ayudado en una actividad en la que el compañerismo no es precisamente la cualidad que predomina. Después de dos años en la labor me siento más segura. El Derecho es una formación continua.”

 

¿Qué tal es el gremio jurídico? “Hay mucha competencia y somos demasiados colegiados. Al principio, en prácticas, muchos trabajamos gratis para demostrar lo que valemos. Yo tuve la suerte de aprender con casos reales. Me ejercité en la calle. Los del colectivo apenas nos relacionamos. Somos círculos cerrados. Es un gremio competitivo, individualista y en algunas ocasiones machista. En esta profesión cobramos lo mismo que los hombres porque el precio de la minuta se aplica por igual. Cada letrado crea su propia clientela”.

 

Jessica Molina aclara algunos términos que en ocasiones los ciudadanos de a pie no tenemos muy claros. ¿Qué es el turno de oficio? Es un sistema que permite a los ciudadanos, que acrediten insuficiencia de recursos, proveerse de los profesionales necesarios para acceder a la tutela judicial y verse defendidos de manera adecuada en sus derechos e intereses legítimos. Esta asistencia gratuita la recoge la ley”.

 

 

 

 

¿Les gusta ejercer de oficio? Muchos se apuntan en el turno por vocación, otros por necesidad dadas las circunstancias económicas del país en los últimos años. La crisis ha afectado a nuestro gremio. Las personas que solicitan asistencia letrada de este tipo no tienen recursos suficientes. Ello no quita que los abogados que están inscritos en él defiendan sus derechos, como bien señala nuestro código deontológico. La gente ajena a la profesión dice que como les pagan poco, trabajan menos. Eso es incierto”.

 

¿Qué salidas laborales tiene el derecho? “Varias. Entre ellas, una es la de ser procurador. Esta figura representa a los particulares y empresas que se ven en la necesidad de acudir a los tribunales. Están capacitados para desarrollar funciones que agilizan el procedimiento judicial y añaden una garantía extra de que todo, en los casos, marcha bien. A diario, reciben de los Juzgados las notificaciones dirigidas a nuestros clientes y las ponen en manos del abogado director del caso entre otras funciones de tramitación procesal”.

 

“Otra posibilidad para desempeñarse en el sector es el acceso a las distintas oposiciones relacionadas con la rama jurídica. En las administraciones locales, como ayuntamientos y cabildos, y en las autonómicas y estatales. Dentro de estas últimas podemos destacar, por su relación con la profesión, la figura del fiscal y de los jueces”.

 

“Una tarea también para desenvolverse en la rama es la del fiscal, perteneciente al Ministerio Público, que lleva la dirección de la investigación criminal y el ejercicio de la acción penal. Es la parte que acusa dentro de un proceso. Sino obra con cargos se encargará de velar por el denunciado. En todos los casos siempre defiende a la parte más débil”.

 

“También está la labor del juez que es la autoridad pública investida de potestad jurisdiccional para aplicar el derecho objetivo al caso concreto y “juzgar y ejecutar lo juzgado”.

 

Después de esta clase magistral y a pesar de su corta trayectoria, Jessica Molina sabe lo que quiere. “El derecho penal es el que más disfruto. La investigación, la recolección de datos, los interrogatorios, el pillar a la gente cuando miente, el defender a ultranza los hechos probados si se ajustan a los intereses de tu cliente…”

 

¿Cuál es el objetivo de que un abogado defienda a un culpable? “En derecho penal prima el principio de presunción de inocencia y hasta que no sea declarada la responsabilidad de una persona y la sentencia sea firme, no se puede considerar condenado a nadie. Si a pesar de los indicios puedo entender que mi cliente es autor de los hechos, me baso en las pruebas y en las situaciones que le puedan eximir o atenuar la responsabilidad. Todos los ciudadanos tienen el derecho a la justicia y a ser defendidos”.

 

¿Tienes que aplicar la sicología? Pues sí, en la mayoría de los casos, especialmente en los asuntos de familia. Te conviertes en un asesor personal. Son temas delicados que hay que tratar con cautela a pesar de que muchos de ellos sigan el mismo modus operandi. Siempre hay variantes. Respecto a los asuntos penales, estoy pendiente de leer entre líneas lo que me cuentan y lo que no y, según qué casos, me reservo datos para llevar el asunto”.

 

 

“Las pruebas te pueden a ayudar en un juicio, pero la interpretación juega un papel importante. Los clientes a veces mienten y con el tiempo sabes diferenciarlos”

 

 

¿El derecho es una carrera interpretativa? “Sí, por antonomasia. Por cada norma hay tantas interpretaciones como profesionales del derecho. Para ello está también la jurisprudencia del Tribunal Supremo, Constitucional y de Justicia de la Unión Europea que nos sirven de guía. La perspicacia juega su papel para defender los intereses de los clientes”.

 

¿Casos reales que más te indignan? “Suelen ser los relacionados con los abusos sexuales probados tanto a mayores, menores y personas con discapacidad; me crispan los casos de denuncias de violencia de género falsas. En estas a los hombres, por el hecho de serlo y muchas veces por no tener pruebas, se les mantiene retenidos en el calabozo para después salir absueltos; aquellos asuntos en los que a las mujeres maltratadas, que poseen las conocidas pulseras, se les hace caso omiso cuando su agresor no cumple con la orden de alejamiento, ni con las medidas de mantenimiento del sistema de protección. Estas señoras tienen que vivir un proceso de victimización continua cuando se encuentran con poca cobertura o no se tienen en cuenta las zonas de peligro; los casos de familia en los que se utiliza a los menores como moneda de cambio… Y lo que me queda por ver”, comentó.

 

¿Qué es lo que más trabaja dentro del derecho penal? “Lesiones, falsificación documental, y violencia de género son algunas de las causas que trato. Las pruebas te pueden a ayudar en un juicio, pero la interpretación juega un papel importante. Los clientes a veces mienten y con el tiempo sabes diferenciarlos”.

 

¿Qué proyectos de futuro tiene? “Por ahora estoy en proceso de construcción. Quiero aprender y desarrollarme profesionalmente. Es mi meta más cercana. Estoy a gusto en el despacho, pero sueño con tener el mío. Estoy abierta a todo. Me gusta lo que hago y también tengo inquietudes por los jóvenes abogados. Hay proyectos pendientes que espero se materialicen”, concluyó.

 

Por: Luz Toro

 

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